17 de abril de 2012

Besos que matan.

Él está ahí, a escasos centímetros de tu cara. Le acaricias el pelo, y posiblemente el cuello, mientras los observas detenidamente. Tiene los ojos más bonitos que has visto nunca. Son castaños, como los de casi todo el mundo, pero son especiales, son más claros, con más brillo y dicen todo lo que él calla, así que no tiene secretos para ti. Mientras, él te acaricia el brazo y el hombro, también te observa, pero de reojo, por su timidez. Está pensándose seriamente si besarte o no. Tú lo estás deseando, por eso te pones histérica en tu cabeza, pensando "¡hazlo de una maldita vez!" Pero lo que sientes es demasiado fuerte y no te permite cabrearte. 
Sigues observando, esta vez son sus manos las que llaman tu atención. Son grandes y curtidas, pero realmente suaves, y desprenden un calor que te hace sentir muy a gusto. Tu puño cabe entero en su mano, y eso te encanta. Pero más le gusta a él que le susurres "te quiero" en su oído, así que ya no puede contenerse más y, te besa. 
Pobre de ti, que ingenuamente esperabas un pequeño beso, sincero, pero repleto de timidez. Todo lo contrario, fue sincero, sí, pero también el más atrevido que te han dado, y seguramente el más atrevido que ha dado él. Fue uno de esos besos que te dejan sin aliento, entrecortan tu respiración y hacen que dejes de pensar por un segundo. De esos que hacen que te pierdas en la mitad del universo, dejando atrás el lugar donde estás. De repente te encuentras junto a él entre las más bellas galaxias, entregándole todo tu amor. Te sujeta por la cintura y juega con tu pelo, mientras tu resbalas tus pequeños dedos por todo su cuello y, sin comerlo ni beberlo, ahora estáis sentados sobre la luna, observando la mediocre vida que lleva el resto de la gente, que ignora la estampida de sensaciones que se provocan entre vosotros dos en ese mismo instante. 
Son besos que matan, de esos que no se repiten, ni son iguales para todo el mundo.


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