10 de julio de 2011

Se va, y ahora te falta él.

Ahora puede parecer que te hundes en un pozo sin fondo, y que nunca podrás salir de él. Puedes pensar que no podrás soportarlo, que tu vida va a cambiar por completo y que nunca volverás a ser la misma. Pero nada es tan difícil de superar. Ahora alguien te falta; esa persona especial que convertía tus días grises en los más soleados.
La persona que te sacaba una sonrisa con sólo mirarte, la persona en la que más confías, y la persona que más fuerza te transmite. Por eso ahora te sientes fuera de lugar, desequilibrada. Sientes que no encajas con el mundo y no estás cómoda con nada, porque te falta él. Es como no ver salir el sol cada mañana. Es simplemente, que ya estás acostumbrada a levantarte pensando en esforzarte por hacer algo más
de lo que él pueda sentirse orgulloso. Pero sabes que hagas lo que hagas, él ya no estará ahí para verte. Tener que hacer algo que antes hacías con todo el gusto, porque sabías que él iba a estar ahí, a tu lado, apoyándote y ayudándote en todo.. y que ahora no quieras hacerlo porque él ya no está contigo.


Con el tiempo vuelves a verle, aunque sea por poco tiempo, y ahí es cuando vuelves a sentirte con ganas de vivir; vuelves a estar llena de vitalidad. Vuelves a tener sueños, ilusiones. Vuelves a levantarte con ganas de superarte, cada día un poco más. Vuelves a estar feliz sin motivos, sólo por tener la simple esperanza de que él haya vuelto para que no estés sola nunca más. Dicen que cuando se tienen tantas ganas por conseguir algo, y luchas por ello con muchísimas fuerzas, puedes llegar a lograr que se cumpla.
Pero esta vez, por mucho que luches para que se quede contigo, sabes perfectamente que volverá a irse. Aunque ahora no estás tan mal por haberlo visto marchar otra vez; es más, ahora estás contenta, porque sabes, que sigue acordándose de ti todos los días, y que te echa tanto de menos como tú a él. Después de todo, no tenerlo cerca te ha ayudado a crecer, a aprender a valerte por ti misma y a no tener que apoyarte en alguien cada vez que no te sientas bien. Y ahora, aunque un abrazo suyo no vendría mal, sabes levantarte; sonreír; y demostrarle al mundo lo feliz que eres, sin necesidad de que otra persona esté ahí para alegrarte el día.


Ahora, él ya no está contigo. Pero eso no impide que seas feliz, porque sabes que se tienen en el corazón el uno al otro.



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